Los inversores esperan nerviosos una señal sobre el fin de la "plata dulce" en los Estados Unidos

 

El próximo 30 de junio terminará oficialmente la segunda fase del programa de emisión masiva de dinero de la Reserva Federal, conocido como “Quantitative Easing” o Relajamiento Cuantitativo. Este programa, puesto en marcha en 2007 por el banco central estadounidense para sostener la reactivación económica en plena crisis financiera, dio sus frutos durante estos dos últimos años, impulsando un rally alcista de la bolsa de Nueva York y evitando que la economía cayera en una recesión profunda.

Muchos de los grandes compradores de bonos del tesoro podrían no volver al mercado

 

Los inversores esperan nerviosos una señal sobre el fin de la "plata dulce" en los Estados Unidos

 

Hay temor sobre el impacto del fin del programa de emisión de dinero de la Fed, en momentos en que el organismo estrena una nueva comunicación, con conferencias

 

¿Está llegando el fin de la “plata dulce” a los EEUU? El próximo 30 de junio terminará oficialmente la segunda fase del programa de emisión masiva de dinero de la Reserva Federal, conocido como “Quantitative Easing” (QE2) o Relajamiento Cuantitativo. Este programa, puesto en marcha en 2007 por el banco central estadounidense para sostener la reactivación económica en plena crisis financiera, dio sus frutos durante estos dos últimos años, impulsando un rally alcista de la bolsa de Nueva York y evitando que la economía cayera en una recesión profunda. Pero ante el final de esta política monetaria heterodoxa, los inversores y los analistas se están poniendo nerviosos, porque temen que la falta de “levadura” haga caer la torta económica, en momentos en que comienzan a surgir algunas dudas respecto de los fundamentals de EEUU.

 

Cuando se lanzaron el QE1 y el QE2, la Fed decidió que la última bala que le quedaba en la cartuchera, después de reducir las tasas de interés hasta niveles cercanos a cero, era comprar Bonos del Tesoro y otros activos financieros con dinero fresco para sostener la oferta de dinero y que el consumo no se resintiera por la crisis subprime. Teniendo en cuenta que el consumo explica el 70% del PIB estadounidense, la medida pareció apropiada a pesar de los riesgos inflacionarios que podía conllevar en el mediano plazo.

 

Pero ahora existe temor entre los inversores y los analistas por saber quién se hará cargo de las compras de Treasuries en caso de que la Fed no lance el QE3 (muchos apuestan a que lo hará), en momentos en que la reactivación económica no termina de asentarse y que surgen dudas sobre la capacidad de EEUU de controlar sus excesivos déficit fiscal y nivel de endeudamiento (la calificadora Standard & Poor’s acaba de rebajar la perspectiva de su deuda soberana).

 

Entre las dudas que se plantean los analistas, la primera que surge tiene que ver con que muchos de los grandes compradores históricos de Bonos del Tesoro puede ser que no vuelvan al mercado: los japoneses están repatriando fondos para ayudar a la reconstrucción del país tras el tsunami; los chinos comienzan a invertir en su mercado interno; y las monarquías petroleras de Medio Oriente tienen que atender las protestas de sus súbditos menos favorecidos para evitar posibles derrocamientos como los de Egipto y Túnez.

 

Los más pesimistas vislumbran un escenario de estanflación (recesión con inflación) similar al de los años ‘70, creado por la emisión de dinero del QE2 que, dicho sea de paso, ha venido financiando el 70% del déficit fiscal de EEUU. Por lo que anticipan una inflación para EEUU cercana a entre el 10% y el 15% anual (de hecho, los precios de los productos importados viene creciendo a esta última tasa), con caída del gasto público y del consumo (y por ende del Dow Jones), porque la Fed debería comenzar a subir las tasas de interés para frenar el riesgo inflacionario.

 

Los más optimistas, en cambio, ven todavía en los Treasuries un lugar seguro para seguir ahorrando con un cierto rendimiento. Por lo que muchas familias y empresas seguirán comprando Bonos porque no tienen mejor opción de ahorro. En realidad según esta visión, el fin del QE2 supondría un duro golpe para los activos más riesgosos. Pero por otro lado, todos están atentos a lo que pueda suceder este miércoles, cuando Ben Bernanke de la primera conferencia de prensa de un presidente de la Fed. Los mercados están expectantes por ver cómo impacta la nueva comunicación del organismo, en coincidencia con la primera subasta de bonos desde que S&P anunciara la baja en la perspectiva de la deuda. Y más teniendo en cuenta que la siguiente conferencia de prensa será el 22 de junio, una semana antes del fin del QE2. Hasta ese entonces, las apuestas están abiertas.

 

El Cronista - Martín Burbridge

 

 

Ben Bernanke y el discurso del rey

 

Es un hito para el banco central más poderoso del mundo. Ben Bernanke, el titular de la Fed, descenderá a la arena periodística en la que batalla el resto de los mortales para dar su primera conferencia de prensa. El apocado profesor de Princeton tendrá la palabra.

 

Será interesante verlo lidiar con la jauría. Y adivinar el miedo escénico inaugural de las primeras veces. Pero no habrá candidez ni improvisación en sus respuestas. Y probablemente el resultado sea casi tan soporífero como el de las minutas, el ascético documento que hasta ahora permitía adivinar algo de la misteriosa vida de los encuentros monetarios.

 

Basta verlo a Jean Claude-Trichet, el banquero central de Europa. Canchero como pocos, el francés conduce sus conferencias como un director de orquesta. “¿Es éste el inicio de un ciclo de ajuste monetario?”, inquiere el periodista. Sin que la música se detenga, Trichet levanta un dedo y dibuja un gesto que da pie a la próxima pregunta como quien da vuelta la partitura. Nadie espera de Bernanke grandes definiciones. Pero nadie duda tampoco de sus buenas intenciones. Alejarse de la proverbial opacidad greenspaniana que inició al mercado en el dudoso arte de descifrar cada comunicado como un documento encriptado de la Guerra Fría. El maletín más o menos lleno de Greenspan antes de una reunión de la Fed llegó a ser augurio de política monetaria.

 

Pero las conferencias servirán también a otro propósito en la era Bernanke. En un momento de creciente disidencia dentro del organismo -con fisuras cada vez más públicas- Bernanke se hará oír como nunca.

 

Pero a diferencia del Jorge VI de la película, el rey tartamudo que lucha frente a la luz encendida de un micrófono por confiar en su propia voz, el desafío será otro. Decir lo justo, sin afirmar casi nada, pero sugiriendo lo suficiente. Una tradición que no se agota.

 

El Cronista - Laura García

 

 

El mercado apuesta a que Trichet seguirá sacando ventaja

 

La diferencia entre la tasa interbancaria a doce meses y tres meses se triplicó este año, lo que señala que el Banco Central Europeo podría embarcarse en un ciclo de ajuste monetario tan veloz como el que emprendió en 2005. Jean Claude-Trichet, el titular de la entidad, incrementó el costo del dinero en el bloque europeo desde 2% en diciembre de 2005 hasta 4% en junio del 2007.

 

El euro, en niveles máximos en 15 meses contra el dólar, refleja precisamente esa expectativa, aún cuando buena parte de la periferia europea aún sigue en la cuerda floja.

Europa subió la tasa desde un mínimo histórico de 1% hace pocos días en un intento por moderar la expectativa inflacionaria y pese al riesgo de que el ajuste dificulte aún más los esfuerzos de las economías más débiles por salir a flote.

 

Hasta ahora los mercados han elegido pasar por alto las crecientes probabilidades de un default griego y han seguido apostando por el euro en un clima en el que el riesgo aún resulta apetecible para muchos. Muchos ya vaticinan otras tres subas de tasas este año.

 

El Cronista

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