La realidad y el relato en el debate de la Argentina que viene
Cuatro intelectuales debatieron sobre el futuro del país. Un
apasionado diálogo, a la luz del 54 %de los votos recibido por Cristina
Fernández en las elecciones pasadas.
Perfil.-
Miradas. Los filósofos Silvio Maresca, Diana Cohen Agrest y
Agustín Salvia; y el historiador y escritor Mario "Pacho" O'Donnell
compartieron visiones, acuerdos y contradicciones de la Argentina.
| Foto: CEDOC.
La Argentina está mucho mejor que en otras etapas de su historia,
pero se han desaprovechado oportunidades para desarrollar sus bolsones
de atraso y marginación; la disputa por el relato y los medios es la
disputa por el sentido, pero puede ser una amenaza totalitaria. La salud
y la educación son grandes deudas sociales que aún deben resolverse. Y
un enigma: ¿cuál es el secreto de la supervivencia del peronismo? Estos
son algunos de los temas que surgieron durante el animado diálogo del
que publicamos aquí algunos fragmentos.
Elecciones: el día después
SALVIA: Si uno mira el panorama en términos de resultados
electorales, lo que aparece es el peronismo de la Presidenta, con un
objetivo y discurso progresista; no necesariamente se ve representado
cuando uno analiza los territorios, donde hasta podría pensarse que hubo
corrimientos de derecha importantes o corrimientos de confirmación de
viejas tradiciones de lo peor que pudo haber tenido la práctica
peronista.
MARESCA: Tras las elecciones, hay una clara hegemonía política, sin
oposición, porque la única es el macrismo, pero es un partido municipal.
No veo que pueda ser oposición el Frente Progresista, porque comparte
las ideas del Gobierno, aunque no soporte el olorcillo peronista que
tiene. Esta hegemonía es un espacio con grandes tensiones internas, que
ahora se van a desarrollar. Para decirlo simplemente: no es lo mismo la
CGT que La Cámpora. Este ha sido un voto antropológicamente conservador.
La gente, que no es “progre” como los intelectuales del Gobierno, dijo:
“¿Cómo estaba yo en 2001, 2002? ¿Cómo estoy ahora? Estoy mejor”, y
tiene razón.
O’DONNELL: Creo que nunca hubo un fenómeno de democracia como la que
vivimos en nuestro país hoy. Sin presos políticos, sin persecuciones
políticas. Acaban de suceder unas elecciones ejemplares, donde ni los
ganadores ni los perdedores rompieron una vidriera, donde los opositores
pudieron gozar de una publicidad gratuita, otorgada por el Gobierno,
realmente nunca vista. Y todo eso me parece que es una conquista, no
sólo del Gobierno, sino de todos. Una de las buenas decisiones ha sido
poner la política por delante de la economía. Nosotros recordamos las
Argentinas en las cuales había una calesita de funcionarios, que siempre
eran los mismos. Yo he participado de reuniones de Gabinete, en las que
hablaba el ministro de Economía. Nuestros presidentes de la democracia,
en general, han sido ministros de economía dependientes. Por eso, los
ministros de economía de estos años han parecido como ministros tontos,
porque en realidad, han sido ministros subordinados a las decisiones
políticas. Eso me parece importante.
COHEN AGREST: Es verdad que la política está por primera vez por delante
de la economía, pero creo que el daño colateral de la inversión del
orden son las políticas cortoplacistas. Ya no hay planes a mediano o
largo plazo y eso redunda en educación, en salud y otros órdenes de la
organización nacional.
De epopeyas y alegría
O’D: Los argentinos tenemos una gran capacidad de reacción, de
hacer verdaderas epopeyas: salir de dictaduras, hiperinflaciones,
disoluciones profundas. Y, en ese sentido, creo que en este momento se
ha encontrado un cauce. Yo siento que en la sociedad existe una cierta
alegría, diría que ése es un término que se puede utilizar. No parece un
término político, pero en la sociedad se respira la idea colectiva de
que vamos por un camino que no parece malo, sino bastante bueno; se
están haciendo cosas de contenido social.
S: Hay un estado de alegría, porque hemos progresado bastante bien.
Hemos mejorado la situación económica y social y esto ha llegado a los
sectores medios y profesionales y a las clases medias bajas y a los
trabajadores. Y también ha llegado a la gente que vive en las villas
miseria. Pero creo que esa situación de alegría está acompañada también
de preocupaciones. Y creo que una parte de la sociedad no está sometida
solamente al proceso del consumo, sino también cargada de preocupaciones
políticas, ideológicas.
O’D: Sí, de acuerdo…
S: Hay un tiempo histórico que no se aprovechó suficientemente. La
epopeya que señaló Pacho existió hasta 2004. Pero creo que, a partir de
2005, 2006, comenzamos a administrar un proceso de importantes
oportunidades económicas y político-institucionales, bien desde el punto
de vista político, pero desde el punto de vista de un proyecto de
desarrollo de país, no. Hoy la epopeya sería: “con tantos recursos y
oportunidades y el 54% de los votos, ¿qué hago? Tengo que hacer un país
nuevo”. Y eso significa empezar a discutirlo, empezar a pensarlo. Y eso
no está presente todavía.
La disputa por el relato
M: A mí me preocupa muy especialmente la cuestión de los
medios: algunos sectores del Gobierno están especialmente interesados en
este aspecto y pueden querer continuar, agresivamente, el avance sobre
la totalidad de los grandes medios de comunicación. Ya lo anunció
Nietzsche a fines del siglo XIX: lo que más importa no son los hechos
sino las interpretaciones, el sentido que se les da a los hechos. Y este
gobierno ya ha mostrado grandes tendencias a apropiarse del sentido,
con la idea de que quien impone el sentido, impone la realidad. Si se
avanza mucho en condicionar no sólo los contenidos, sino también la
propiedad de los medios, puede hacerlos funcionar como poderosísimas
máquinas retóricas.
O’D: Yo creo que la disputa por los medios es mucho más profunda. Que no
pasa tanto por la disputa de los recursos económicos, sino que pasa
realmente por el hecho de disputarle al sistema neoliberal la capacidad
de determinar desde lo inconsciente, desde lo no percibido, las
actitudes, las conductas, las decisiones. Tiene como principal sentido
el consumismo. Esa es la ideología. Y de alguna manera, a través de eso,
tratar de rescatar algo que tiene que ver mucho más con lo nacional,
con lo popular, con posibilidades de pensarnos en un pasado, en un
presente y en un futuro con algo que tiene más que ver con nosotros
mismos. Aprender a desear nuestros propios deseos. Aquellos deseos que
realmente tienen que ver con la satisfacción de necesidades reales y no
desear a favor del deseo de una sociedad que no quiere determinada
manera.
CA: Se ha montado una maquinaria de propaganda tan, pero tan bien
aceitada, que no sé si es una forma de vasallaje de la subjetividad, una
manera de poner la responsabilidad en un tercero. Creo que la
alternativa a eso es decir: la cuestión no es despotricar sobre los
supuestos amos de la Argentina sino realmente, como diría Sartre, qué
hacemos con esto que tenemos. Qué hacemos con lo que nos tocó, y empezar
a hacerse cargo de la parte de responsabilidad que está en nosotros.
Porque cuando hay un vasallaje, también hay cómplices y esos cómplices
están acá en el país; no son siempre de afuera.
O’D: Es una disputa, sin duda. No sé si de vasallaje, pero al menos de
tratar de contradecir ese otro vasallaje que no percibimos, pero que
está y que está dado como natural, pero que también es ideológico.