Hubo un momento en que tanto los policías como los manifestantes se
quedaron helados, pensando que serían testigos de una tragedia. Fue
cuando un grandote se acercó al subcomisario Juan Rodríguez con un gesto
amenazador y éste se llevó la mano a la funda de la pistola. "No vamos a dejar que suelten a esos perros. Con Gastoncito no va a pasar lo mismo que con Candela",
exclamó el individuo, fuera de sí, antes de que un amigo lo agarrara
con todas sus fuerzas mientras que otros rogaban al oficial que guardara
el arma.
El enfrentamiento ocurrió el martes, después de que la Policía
pusiera en libertad a dos individuos que habían sido detenidos en
relación con el asesinato de Gastón Bustamante, un niño de 12 años que estaba sólo en su casa cuando unos desconocidos entraron a robar.
Al mediodía del pasado lunes, Verónica González regresó de unas compras y halló a su hijo
tendido a un costado de la cama, con los ojos fuera de sus órbitas. La
madre salió a la calle y pidió ayuda a gritos. Gustavo Páez, un mecánico
de motos que pasaba por allí trató de auxiliar al niño pero fue inútil.
"Lo había estrangulado alguien que tenía la fuerza de un gorila.
Tenía la media tan ajustada al cuello que no lo podía sacar. Y su
mamá... (en este punto se le quiebra la voz). Ella quería lanzarse
encima del niño y yo no sabía qué hacer", relató Páez a una emisora
local.

El pequeño Gastón Bustamante.
La noche del crimen, más de un centenar de personas trató de prender fuego al edificio de la Municipalidad
y la Policía tuvo que repelerlos con balas de goma. El martes por la
mañana, la gente se congregó con la misma furia frente a la sede de la
Policía pero se retiró pacíficamente después del citado incidente entre
un hombre indignado y el subcomisario.
El individuo que amenazó al subcomisario aludió en sus gritos a Candela, la chica de 11 años
que fue secuestrada a comienzos de agosto y cuyo cadáver apareció el 31
del mismo mes dentro de una bolsa plástica. Hasta el momento, los
investigadores no han podido determinar cuál de las ocho personas que
están detenidas fue el autor material del crimen.
Los vecinos de Miramar temen que con Gastón suceda algo peor: que los investigadores ni siquiera encuentren una pista y que el crimen quede impune.
La frustración de la gente se debe a que en menos de tres meses, tres
menores han sido víctimas de crímenes aberrantes. Al asesinato de
Candela Rodríguez y de Gastón Bustamante se suma el de Tomás Dameno Santillán.
El cuerpo del niño de nueve años apareció el jueves 17 de noviembre en
una finca abandonada, a seis kilómetros de Lincoln, otra localidad de la
provincia de Buenos Aires.
Tomás había sido asesinado dos días antes, a golpes en la cabeza
ejecutados con una pala que fue hallada en un jardín cercano a su casa. La Policía detuvo al ex esposo de Leonor Santillán, la madre del chico, quien en repetidas ocasiones había amenazado con golpearla "donde más te duela". Según los expertos, Adalberto Cuello, padrastro y presunto asesino de Tomás, presenta el clásico perfil de un psicópata.
Polly Giménez, profesora de Criminología de la
Universidad de Tucumán y asesora de la Policía Científica, dijo a
ELMUNDO.es que esta sucesión de crímenes con características similares
-junto con la corta edad de las víctimas, lo más notable es la brutalidad de los asesinos- no es producto del azar sino de un fenómeno que los expertos denominan el efecto mimético.
"Parece horrendo plantearlo de esta forma, pero así como algunos
individuos son más propensos que otros a seguir una moda en el vestir
–los llamados esclavos de la moda- hay personas con tendencias asesinas
innatas que se sienten estimuladas por el ejemplo de otras", señala Giménez.
La criminóloga cita como ejemplo la 'epidemia' que se desató entre
noviembre del 2010 y los primeros meses del 2011, cuando cuatro varones,
uno detrás de otro, rociaron a sus esposas o novias con sustancias combustibles y les prendieron fuego. Asimismo, en el 2008 hubo una ola de asesinatos de menores que conmovió igualmente a los argentinos.
Pero, ¿a qué se refiere Giménez cuando habla de sujetos con
tendencias innatas a la violencia? A diferencia de la escuela que
considera a los delincuentes como producto de su entorno
–léase, personas que delinquen por vivir en la miseria o por haber sido
objeto de malos tratos en su infancia- la experta tucumana se adscribe a
la teoría de que muchos asesinos llevan una carga genética que los
condiciona como tales.
"No se trata de un determinismo genético. Evidentemente, si los
impulsos asesinos se detectan a tiempo y se los trata, es probable que
esos impulsos no lleguen a materializarse. Es posible canalizar la violencia o aplacarla, cuando el propio individuo o sus personas cercanas son conscientes de lo que pasa", señala la experta.
En muchos casos también interviene lo que el psiquiatra israelí Yotam Lugassi
llama "la oportunidad subyacente". Vale decir, cuando el asesino en
potencia presume, de forma consciente o inconsciente, que puede eludir
el castigo. "Aquí se evidencia nuevamente el efecto mimético. Es posible
que los asesinos de Tomás y de Gastón hayan tomado en cuenta el laberinto en que entró la investigación del caso Candela
y hayan pensado que podrían zafar (escapar), como decimos los
argentinos. Por supuesto que es una consideración bastante irracional.
Pero incluso las personas equilibradas toman muchas decisiones sobre una base irracional", explica nuestra informante.
Sin ser expertos en la materia, muchos argentinos creen que la actitud 'comprensiva' de los así llamados 'jueces garantistas',
que de un plumazo ponen en libertad a delincuentes peligrosos –destaca
en este contexto la liberación de violadores que luego reinciden-, es lo
que convierte al ciudadano pacífico, y ahora a los niños, en las
víctimas propicias de cualquier depredador que ande por ahí.