El riesgo de un default
Hubo acuerdo en Grecia, pero aún no convence a la UE
Tras una dura negociación, la coalición griega aceptó el ajuste; los sindicatos, en pie de guerra
PARIS.-
El fantasma de un default desordenado de imprevisibles consecuencias
comenzó a alejarse ayer de Grecia, cuando los partidos que forman la
coalición gubernamental aceptaron el nuevo paquete de medidas de rigor
exigido por sus acreedores internacionales. Los ministros europeos de
Finanzas, reunidos en Bruselas, estimaron, sin embargo, que, antes de
desbloquear el segundo plan de 130.000 millones de euros, acordado en
julio de 2011, Atenas debe despejar numerosos "interrogantes".
El
gobierno del primer ministro griego, Lucas Papademos, consiguió
arrancar por fin el esperado acuerdo, pero los europeos prefieren no
cantar victoria. Tras una semana de negociaciones ininterrumpidas y
protestas populares, Atenas aceptó todas las condiciones presupuestarias
y las reformas estructurales exigidas por sus acreedores
internacionales, para poder recibir la suma prometida hace siete meses.
Según
ese plan, el gobierno griego deberá recortar más de 3500 millones de
euros de gasto público, reducir el salario mínimo en 22% y disminuir las
jubilaciones. Gracias a la inyección de dinero obtenida mediante esos
nuevos sacrificios, Grecia debería poder cumplir con los vencimientos
inmediatos.
Pero
esto no quiere decir que todo se haya resuelto. El primer ministro de
Luxemburgo, Jean-Claude Juncker, presidente del Eurogrupo, advirtió que,
antes de liberar los fondos, Grecia deberá aclarar numerosos puntos.
El
ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, manifestó la misma
prudencia, mientras que para el FMI "es necesario hacer más [para sanear
la economía griega]. Y es justamente lo que tratará el nuevo programa",
afirmó el vocero de la institución, Gerry Rice.
"Nos
hemos puesto de acuerdo en que es necesaria una reforma del mercado
laboral y el ajuste de los salarios. Hay un amplio consenso en torno a
esas medidas. Lo que sigue en discusión es la forma en que lo
lograremos", reconoció.
Aun
quedan por definir importantes detalles. Muchos de ellos referidos a la
participación de los acreedores privados en la reestructuración de la
deuda griega, el monto de la financiación pública consentida por los
otros 16 países de la UE y la intervención suplementaria que podría
decidir el Banco Central Europeo.
Los
bancos, hedge funds y otros acreedores privados, por su parte,
acordaron soportar una quita del 70% de sus activos en el marco de un
intercambio de obligaciones griegas contra nuevos títulos. Antes de
prestar nuevos fondos, el FMI quiere asegurarse de que la deuda griega
será sustentable en 2020.
El
plan incluye un acuerdo de canje de títulos de la deuda entre el
gobierno y sus acreedores privados, que debe ser acordado en breve. Y el
tiempo apremia. Grecia debe hacer frente a un vencimiento de 14.500
millones de euros el 20 de marzo. Sin el desbloqueo del nuevo rescate,
el país se precipitará a un default con catastróficas consecuencias.
Duras condiciones
El
acuerdo político anunciado ayer prevé condiciones muy duras, que
explican las demoras. Según fuentes gubernamentales griegas, fue
necesario que Papademos pusiera su renuncia sobre la mesa para convencer
a los líderes de los tres partidos que lo eligieron de que lo
autorizaran a firmar el pedido de la "troika", integrada por el FMI, el
BCE y la Comisión Europea.
La
pulseada provocó la renuncia del ministro de Trabajo, el socialista
Iannis Kutsukos, que denunció "exigencias inaceptables". El último
combate se libró en torno a las jubilaciones, y se llegó a un acuerdo
recortando el presupuesto de Defensa y otros sectores.
Grecia
se apresta ahora a hacer votar la totalidad del plan de austeridad en
el Parlamento, que se reunirá este fin de semana. "El riesgo es que
estalle una sublevación parlamentaria", admite un diputado de la mayoría
gubernamental. El gobierno tiene 258 bancas sobre 300.
En
ese contexto de tensión, la "troika" pretende reunirse en los próximos
días con los líderes de los tres partidos de gobierno para asegurarse de
que el paquete de austeridad obtenga el apoyo necesario.
Mucho
antes del anuncio, los sindicatos dejaron en claro su posición llamando
a una huelga general de 48 horas para hoy y mañana.
La Nación