China evita la ayuda directa a Europa

 

Presionado con insistencia por los líderes de la Unión Europea, el gobierno de China mostró ayer su disposición a ayudar al bloque a resolver la crisis de deuda que lo agobia. Sin embargo, una vez más, evitó comprometerse con el tema central de la visita de los enviados europeos a Pekín: la compra de bonos de los países en problemas y la contribución al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y luego en el Mecanismo Europeo de Estabilidad, los dos instrumentos básicos para los rescates.

La crisis global / Bruselas busca el apoyo del gigante asiático

 

China evita la ayuda directa a Europa

 

Los dirigentes de la UE pidieron al régimen que contribuya con fondos para los rescates, pero Pekín volvió a rechazar un compromiso

 

PEKIN.- Presionado con insistencia por los líderes de la Unión Europea (UE), el gobierno de China mostró ayer su disposición a ayudar al bloque a resolver la crisis de deuda que lo agobia.

 

Sin embargo, una vez más, evitó comprometerse con el tema central de la visita de los enviados europeos a Pekín: la compra de bonos de los países en problemas y la contribución al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) y luego en el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), los dos instrumentos básicos para los rescates.

 

En el marco de una cumbre entre China y la UE prevista para finales del año pasado, pero pospuesta para dar tiempo a Bruselas a buscar soluciones a la crisis, el premier chino, Wen Jiabao, reiteró sus ambiguas palabras de apoyo a la zona euro: "China está preparada para incrementar su participación en la solución de los problemas de deuda europeos; estamos dispuestos a mantener una comunicación y una cooperación cercanas con la UE".

 

Lo escucharon atentos el presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso. "Nosotros igualamos nuestras palabras con acciones", añadió Wen.

 

Sin embargo, sus declaraciones no se vieron acompañadas de compromisos concretos para ayudar a rescatar a gobiernos de la zona euro con problemas o para realizar grandes inversiones en bonos europeos.

 

De hecho, el responsable del fondo soberano de riqueza de China rechazó elegantemente una solicitud similar de la canciller alemana, Angela Merkel, para que comprara bonos europeos.

 

Merkel buscó esa ayuda financiera durante un reciente viaje a Pekín. Pero el funcionario chino reveló ayer que había comunicado a la mandataria que esas inversiones eran "difíciles" a largo plazo.

 

En línea con los esfuerzos de la zona euro por conseguir ayuda financiera de China, Van Rompuy insistió ayer en la reunión bilateral en la solvencia europea. "Los inversores en Europa pueden tener garantías de que no solamente pasamos una curva difícil, sino que hemos dado vuelta a la esquina". Y añadió: "Le corresponde a China tomar sus propias decisiones sobre su contribución a la estabilidad de la zona euro".

 

Van Rompuy reiteró que los fundamentos económicos de la zona euro son sólidos, pero reconoció que se necesitaba hacer más para asegurar la recuperación. "Reconocemos que la estabilidad es una condición necesaria, pero no suficiente para la recuperación; debemos hacer más, en particular con el crecimiento económico y el empleo", expresó.

 

Pero con la crisis griega todavía sin una solución final (los ministros de Finanzas aplazaron su reunión sobre el rescate de Atenas para el lunes), los dirigentes chinos volvieron a hacer oídos sordos a los reclamos europeos.

 

En reuniones previas, Pekín ya había mostrado su deseo de participar en el FEEF, primero, y más tarde en el instrumento financiero de rescate permanente, MEDE. Pero la segunda economía del mundo, dotada de las mayores reservas de divisas (unos 3,2 billones de dólares), continúa sin concretar el monto con el que contribuiría a ese fondo de rescate. Ni siquiera la sutil advertencia de Van Rompuy sobre la interdependencia de ambas economías hizo que Wen cambiara de parecer. "Un cambio en la tasa de crecimiento de uno de los dos socios estratégicos tiene un impacto directo y palpable en el otro", dijo el líder europeo.

 

Ese impacto, real, no parece que preocupe demasiado a Pekín. Los dirigentes chinos, más que teorías sobre los fundamentos económicos, buscan contrapartidas concretas de Europa. De ahí que Van Rompuy destacara que en el comunicado conjunto de la reunión bilateral se mencionara por primera vez el estatuto de economía de mercado que China demanda a la UE y cuya negociación, según el líder europeo, entrará en una nueva fase.

 

En el Foro Económico de Dalian, celebrado en septiembre pasado, Wen pidió que la UE le reconozca ese estatuto a China antes de 2016, la fecha prevista en el calendario de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Ese estatuto ofrecería a China un mejor acceso al mercado europeo y protegería sus productos de las cláusulas contra la competencia desleal. "La cuestión deberá solventarse de forma rápida y exhaustiva, porque hay una voluntad política de buscar soluciones", dijo Van Rompuy.

 

Por otra parte, Van Rompuy confió en que pronto se retome con China el diálogo sobre derechos humanos que Pekín interrumpió unilateralmente a finales del año pasado.

 

La Nación

 

 

El futuro líder chino, en una reveladora gira por EE.UU.

 

Xi Jinping, que sucederá a Hu en 2013, se reunió con Obama y dio señales de un estilo renovador

 

Por Christopher Bodeen  | Agencia AP

 

PEKIN.- En 1985, Xi Jinping encabezó una delegación china que visitó Muscatine, en el estado de Iowa, para estudiar las técnicas avanzadas de la cría de cerdos. Ayer regresó a Estados Unidos, aunque está vez para encontrarse con Barack Obama, y en camino de convertirse en el líder del país más poblado del mundo.

 

El vicepresidente chino, que el año próximo reemplazará en la presidencia a Hu Jintao, viajó a Estados Unidos para reunirse con las principales autoridades, pero también para darse a conocer a la opinión pública.

 

El presidente norteamericano le ofreció una cálida bienvenida, en medio de evidentes diferencias políticas sobre Siria, Irán y temas económicos, así como una duradera preocupación sobre la situación de los derechos humanos en China, un tema que Obama consideró "crítico".

 

Xi defendió el accionar de su gobierno, aunque reconoció que "siempre hay lugar para mejorar en cuestiones de derechos humanos".

 

"Recibimos con agrado el ascenso pacífico de China'', dijo Obama junto a Xi en el Salón Oval. Sonriente, el vicepresidente chino dijo que desea ampliar la relación previa entre Obama y Hu y "fortalecer la amistad" entre ambos países.

 

En su gira, Xi volverá a visitar a las familias que lo acogieron en Iowa 25 años atrás. Esta decisión es un detalle muy infrecuente en un líder chino y alimentó su reputación de funcionario renovador, que se atreve a apartarse de la tradicional distancia que imponen los altos dignatarios de su país.

 

"Xi aprecia todo lo aprendido de Estados Unidos en ese plano, y visitar el lugar es una clara señal de que se convertirá en un tipo de líder diferente", dijo Robert Lawrence Kuhn, asesor del gobierno chino.

 

Xi Jinping necesitará este año de toda su habilidad para los vínculos personales y de toda su confianza cuando asuma la presidencia del Partido Comunista, un paso más en su ruta a la presidencia.

 

Este hombre de 58 años enfrenta la delicada tarea de asegurar la continuidad del desarrollo chino, contra las oleadas de inseguridad financiera mundial, escasez de recursos, crisis medioambiental y creciente malestar social, en particular en las regiones del Oeste, como Xinjiang y el Tíbet.

 

Durante esta visita, su intención es ofrecer seguridades de que China y Estados Unidos siguen comprometidos en fortalecer sus relaciones, más allá de las tensiones ocasionales. "China busca dar una señal de respeto para consolidar a su próximo líder en el escenario internacional", dijo Joseph Cheng, jefe del Centro de Investigaciones de China Contemporánea de la City University de Hong Kong.

 

Xi Jinping fue elegido por consenso en 2007 para reemplazar a Hu Jintao y ha demostrado ser capaz de dejar de lado sus puntos de vista personales y de evitar enfrentamientos entre las facciones de su partido.

 

En la jerga política china es un "principito", como suele llamarse a los hijos de los fundadores del comunismo chino. Su padre, Xi Zhongxun, fue una figura clave de la revolución que encumbró a los comunistas en 1949, pero luego estuvo encarcelado durante casi 30 años.

 

Xi Jinping pasó varios años deslomándose en las accidentadas colinas del norte de China antes de graduarse en Química en la prestigiosa Universidad Tsinghua, de Pekín. Pasó tres años como colaborador de un influyente general -donde estableció los imprescindibles vínculos con las poderosas fuerzas militares- y luego optó por un deslucido cargo administrativo en el condado rural de Zhengding, al sudoeste de Pekín.

 

Fue en su condición de secretario del Partido Comunista de Zhengding que Xi visitó Iowa en 1985, como parte de una misión para estudiar la cría de cerdos y tener contacto con las tradiciones típicamente norteamericanas. Se quedó dos días en casas de familia de la localidad de Muscatine, donde visitó granjas y presenció un partido de béisbol.

 

Más adelante, ocupó cargos en la provincia costera de Fujian, donde llegó a ser gobernador, y luego pegó el salto a Zhejiang, una de las provincias económicamente más activas. Después de un breve paso como director del centro financiero de Shanghai, en 2007 se trasladó a Pekín para ocupar uno de los nueve asientos en el todopoderoso Comité Permanente del Buró Político del Partido Comunista.

 

Para los observadores de la política china, Xi plantea un enigma: ¿continuará y profundizará el modelo de rígido gobierno unipartidista que abraza la economía de mercado, o incursionará por un camino relativamente más liberal, que podría debilitar el predominio comunista?

 

En sus cinco años en Zhejiang, florecieron las inversiones privadas, junto con algunas agrupaciones de la sociedad civil. En una ciudad de la provincia se concedió el derecho a opinar sobre el destino del presupuesto municipal, una concesión inusual en el país.

 

Según el analista político Li Fan, de Pekín, si bien Xi no estaba detrás de esas medidas, se le reconoce no haberlas impedido. "Xi es una persona capaz de escuchar la opinión ajena y aceptar otros puntos de vista, pero no es un hombre de iniciativa", afirmó.

 

La Nación - Traducción de Jaime Arrambide

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