Por ahora, Europa aleja acuerdo con Club de París
Hasta abril, cuando el ministro de Economía, Hernán Lorenzino,
participe de la cumbre de primavera del FMI de Washington, no habrá
novedades sobre las negociaciones con el Club de París. La crisis
financiera mundial, la necesidad de tener las reservas bien custodiadas,
la negativa del organismo a aceptar un pago de largo plazo y la
seguridad que no habrá sanciones a la Argentina desde el FMI, hicieron
que por ahora, el pago de los aproximadamente u$s 7.300 millones para
regularizar el último capítulo del default argentino de 2001 no sea una
cuestión prioritaria.
Ambito.-
El último gran avance que hubo en las negociaciones que comandó Lorenzino desde que era secretario de Finanzas del ministerio que comandaba Amado Boudou,
fue la posibilidad que desde el Club de París se aceptara la
alternativa de un acuerdo sin el aval del FMI. Sin embargo, esta
posibilidad traía una condición difícil: el pago debía hacerse al
contado o con un plazo máximo de no más de un año, con una liquidación
en efectivo importante. En septiembre pasado se evaluó la posibilidad.
Sin embargo, hubo luego un hecho que hizo replantear toda la política
oficial sobre el dólar y el mantenimiento de las reservas. Fue la
corrida cambiaria que se vivió en los 20 días posteriores al triunfo de Cristina de Kirchner en
segunda vuelta el 23 de octubre pasado. En diciembre, cuando los
contactos con el Club de París se retomaron luego de la asunción de la
Presidente para su segundo mandato, se dejó en claro que no era el
momento argentino para perder en un año unos u$s 7.300 millones. Desde
el Gobierno se contraofertó un pago al contado, pero un plazo de largo
alcance (5 años) para liquidar toda la deuda.
Era la propuesta
que en su momento había defendido Estados Unidos, uno de los países
acreedores. En su momento, y con el aval de los demócratas
norteamericanos, desde Buenos Aires se pensó que podría renacer cierto
aire de flexibilidad entre los acreedores europeos para que la propuesta
de largo plazo de la Argentina tenga interlocutores. La especulación
era que la gravedad de la crisis en Europa podría hacer aceptar un
acuerdo que garantizaría el ingreso de dólares en una región castigada.
El contacto de Lorenzino para terminar de encarrilar las negociaciones
es clave. Se trata del secretario del Tesoro francés, Benoit Coure,
hombre de consulta permanente hoy dentro de los funcionarios con
responsabilidades económicas y financieras de Europa ante la crisis.
Coure hizo lo suyo. Sin embargo, hubo que enfrentar dos negativas de
acreedores: Alemania y Japón, que nunca aceptaron que no intervenga el
FMI y no necesitan dólares por no estar afectados por la crisis.
Así
las cosas, por ahora las negociaciones están algo congeladas a la
espera de novedades desde Europa, que no surgirían hasta después de la
reunión de primavera del FMI. Tampoco hay una voluntad de acelerar las
discusiones por parte de Buenos Aires. La principal inquietud desde la
Argentina para que se aceleren los tiempos y se llegue a un acuerdo era
la posibilidad de contar con inversiones provenientes desde la Unión
Europea hacia empresas multinacionales de ese origen. La crónica crisis
Griega y la concentración de las compañías en respaldar los números de
las empresas en ese continente alejan por ahora el interés en
inversiones locales, y así la voluntad de acelerar un acuerdo por parte
de la Argentina.