Los niños somalíes son «carne de cañón» de la guerrilla islamista
«Human Rights Watch» denuncia a Al Shabaab y a los numerosos grupos paramilitares que operan en el país.
Un niño soldado somalí patrulla en Mogadiscio.-
A los mandos de su vehículo, el keniano Kenneth Kisentu lamenta el retraso. Pese a que sus superiores le «prometieron» que para navidades descansaría en Narok, su localidad natal, desde entonces este soldado perteneciente al destacamento del Ejército de Kenia en Somalia permanece atrapado en el campamento militar de Liboi, en plena frontera entre ambos países.
«Quizá fuimos demasiado optimistas en nuestros cálculos, pero no desfallecemos», destaca a ABC Kisentu, quien conduce un camión de suministros para el Ejército.
Su
confianza, dadas las circunstancias, es de envidiar: A mediados del
pasado mes de octubre, el Gobierno de Nairobi -de manos de la comunidad
internacional- lanzó en territorio somalí la operación «Linda Nchi», una
medida de castigo ante los últimos secuestros de extranjeros
protagonizados en la frontera por la milicia islamista de Al Shabab (entre ellos, el de las españolas Montserrat Serra y Blanca Thiebaut).
La
intervención, cuyo principal objetivo era la toma de Kismayo
(considerado el nido de la serpiente islamista), debía durar solo unos
días. Sin embargo, desde entonces han pasado ya más de cuatro meses.
Y las víctimas, no son solo las familias de soldados como Kisentu.
Según
denuncia la organización Human Rights Watch, en los últimos meses,
centenares de menores de edad han sido empleados como «carne de cañón»
por los actores participantes en el conflicto, desde el grupo islamista,
a las milicias privadas que operan bajo el amparo del Ejército de
Kenia.
En
el informe titulado «No es lugar para los niños: Reclutamiento
infantil, matrimonio forzado y ataques a escuelas en Somalia», la
organización acusa a la insurgencia islamista de obligar a cada vez más
niños -algunos de ellos de solo 10 años de edad- a unirse a sus filas,
bien como parte integral de sus fuerzas o bien como terroristas
suicidas. De igual manera, el grupo denuncia que las fuerzas del
Gobierno y sus milicias asociadas violan todos los acuerdos humanitarios
contraídos previamente al utilizar también a los niños como soldados.
«Los
espantosos» abusos cometidos por las milicias islamistas «no excusan el
uso que el Gobierno Federal de Transición hace de los niños soldado»,
destaca la subdirectora del departamento de protección infantil de Human
Rights Watch, Zama Coursen-Neff
Los grupos militares, eso sí, niegan la mayor. No es extraño. Cuentan con el beneplácito de la comunidad internacional.
«Nuestro
organización no ha usado, ni usará, nunca a menores de edad», señala a
este diario el general Ahmed Islam Madobe, quien apoyado por el Gobierno
de Kenia (y por ende, por la comunidad internacional) dirige la milicia
privada «Raskanboni». No en vano, la totalidad del sueldo de sus
subordinados -350 dólares mensuales por persona- es costeada desde
Nairobi.
Madobe
-un versión posmoderna de los señores de la guerra que en los 90
aterrorizaron la región- es fiel reflejo del maniqueísmo del conflicto.
En la actualidad, este líder paramilitar acaudilla a un grupo formado
por al menos 220 soldados con el objetivo de la construcción de una
nueva Somalia. Noble deseo, aunque para que ello haya que usar
(presuntamente) a menores de edad.
«Nuestra
única meta, como la del Gobierno de Kenia y Somalia, es la expulsión de
la milicia de Al Shabab. Somos los defensores de la región frente al
islamismo radical», destaca el guerrillero.
Casualidad
o no, a solo metros de él, un joven sonríe al escuchar estas últimas
palabras. Pese a que su cara tan solo refleje una recién estrenada
pubertad, quizá su oído ya sepa decodificar la hipocresía. Y más
importante aún, el mercadeo internacional de su futuro.