Una actividad para sobreviviente
Sin
la euforia de hasta pocos meses atrás, aún los analistas del mercado
cárnico pronostican buenos precios futuros, aunque erosionados por la
inflación, para la ganadería.
Por Oscar Ferrari
| Para LA NACION
Según mi criterio, el principal inconveniente que impide
el ingreso o la vuelta de empresarios a la actividad es el alto costo
que presenta la compra de animales tanto para cría como para los
planteos de invernada para engordar en relación al precio obtenido por
la venta de los vacunos terminados.
Otro inconveniente es el aumento de atribuciones a un
funcionario (el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno) que
se ha caracterizado por tomar medidas, que si bien bienintencionadas
según su criterio, resultaron nefastas para el sector. La intervención
en el mercado interno y la cuasi prohibición de las exportaciones,
cuando el mundo estaba ávido de carne vacuna son claros ejemplos de
esto.
El tercer inconveniente es la cantidad de leyes,
decretos, proyectos de ley y rumores que desalientan la inversión sea
extranjera o nacional. En este grupo podemos englobar la ley que
restringe la compra de tierras por parte de extranjeros, la modificación
del estatuto del peón rural, etcétera.
Por último, otra dificultad es el desmantelamiento de los
establecimientos mixtos que, impulsados a hacer agricultura sin
contemplar rotaciones con praderas, desarmaron alambrados, quitaron
bebidas y vendieron vacunos a precios viles para financiar las siembras,
cuyo costo actual de reposición hace muy difícil el retorno a la
ganadería.
Las razones enunciadas llevaron a que el pronosticado
boom ganadero no se produjera, más allá de inversiones aisladas en
instalaciones, mejoramiento genético y una retención de hembras que
depende, en más de un caso, del bolsillo del productor y de las
condiciones climáticas.
A diferencia de lo que ocurre en las producciones porcina
y aviar, no se advirtió la incorporación de nuevos productores en la
ganadería bovina. Sólo los que pudieron salvaguardar parte de su
producción permanecieron en la actividad.
Estos estoicos sobrevivientes pueden ser los cimientos para una ganadería más eficiente.
Si bien, la buena relación de precios insumo/producto
comenzó a deteriorarse, todavía se está a tiempo para incorporar
tecnologías que eleven la productividad.
Sin pretender que la lista sea excluyente, podemos
destacar la revolución forrajera que está experimentando la zona
tradicional de cría mediante la adopción de especies megatérmicas en
suelos salinos, el rejuvenecimiento de los campos naturales o las
promociones de raigrás. Campos donde sólo había pelo de chancho, hoy
muestran una importante producción de materia seca. Mucho se aprendió
sobre el aprovechamiento racional de los rastrojos de cosecha gruesa en
relación a las necesidades nutricionales de los vientres. Cada vez son
más los productores que realizan un estricto seguimiento de la condición
corporal de sus vacas.
El empleo de silos de autoconsumo ha permitido aumentar
la carga de los establecimientos sin complicar mayormente la operatoria
de los mismos.
El mejorar la sanidad del rodeo con vacunas reproductivas
y la alimentación animó a muchos criadores a incursionar en el entore
precoz de quince meses, reduciendo en un año el período improductivo de
sus hembras. El progreso genético posibilitó tener toros con garantía de
bajo peso al nacer, imprescindibles para evitar distocias.
Los protocolos de Inseminación Artificial a Tiempo Fijo
(IATF) superaron el inconveniente de tener que destinar personal para
detectar celo en potreros de gran superficie. No pasará mucho tiempo
hasta que se emplee mayoritariamente el trasplante de embriones y el
semen sexado.
El destete precoz y el hiperprecoz permitieron aumentar
la carga de los establecimientos sin aumentar los recursos forrajeros,
al especializar a las vacas como "fabricantes de terneros" pero sin la
responsabilidad de criarlos, recuperando rápido su estado corporal,
indispensable para reiniciar su función reproductiva.
Es impensable, en los planteos de invernada, no
suplementar ni contemplar una estrategia de encierre en algún momento
del ciclo productivo.
El mejoramiento genético en forrajeras es tan importante como él que se observa en las variedades e híbridos agrícolas.
Finalmente, la maquinaria y las técnicas que se emplean
para obtener reservas forrajeras de calidad están cada vez más
difundidas.
Hoy, la ganadería ha dejado de ser una actividad
tradicionalista que no incorpora tecnología de avanzada. Su empleo ha
elevado exponencialmente el resultado productivo y económico de los
emprendimientos.
La consecuencia será más carne producida, más carne para
el consumo interno (cuya mayor oferta, resultará en un menor precio para
determinados cortes) y un saldo exportable de cortes de calidad que
redundará en un mayor ingreso de divisas al país.
El autor es ingeniero agrónomo y director de Difusión Ganadera .